Río Arlanzón
Novena etapa del cuarto paseo

Cientos, quizá millones de años antes de que el Cid lo atravesara, sin pretiles, barandilla y malecones; cuando todavía no había hecho el hombre su aparición sobre la Tierra, no mucho tiempo después del nacimiento del mar, el Arlanzón seguía el curso de hoy, reflejando parte de la vida vegetal y las estrellas. Desviándose desde el Puerto del Manquillo, fácil es oír sus primeros balbuceos y su afición volatinera, que el pantano, entre Pineda y Villorobe, amansa y remansa, dándole categoría de mar en miniatura.

El Arlanzón no es un río pudoroso, tímido acariciante de la ciudad. Esta función la cumple el Arlanza en Salas de los Infantes y más insinuante aún en Covarrubias y Lerma, tres nobles villas realzadas por su histórico y fecundo río, cuyas aguas pasan ciñéndose, halagadoras. El Arlanzón se humaniza, adquiere carta de ciudadanía, entra en Burgos como San Pedro el día 29 de junio y la divide en dos bandos que los puentes se encargan de reconciliar. Dirime las contiendas urbanísticas, regula el tráfico, y cuando los aprendices Pico y Vena se soliviantan los absorbe y endereza como un Alcalde Mayor. Formando ángulo con el profuso y deslumbrante gótico del complejo catedralicio, el Arlanzón, aunque embridado, conserva sus primitivas costumbres de corcel de pura raza, dándole a la ciudad tono versallesco y europeo. Si una conmoción geológica lo desviara, Burgos tendría que buscarlo, aguas abajo, aunque Diego Porcelos pusiera el grito en las nubes.

El Arlanzón es un vecino más, eje que la ciudad necesita, anárquico, pero limpio; con caudal suficiente, pero no tanto que las aguas impidan ver el río.

Burgos, tierra y hombres (Rafael Nuñez Rosáenz)

Arlanzón

 

Viejo surco hacia el mar, claro sendero

de cristal con el cielo en la mirada,

eterno caminar a no ser nada,

a morir Arlanzón, por ser más Duero.

 

Así te conocí y así te quiero;

siempre instante de linfa renovada,

con un beso en los labios, de pasada,

peregrino de plata y romancero.

 

¡Ay! mi río Arlanzón enjuto y breve

que amarillo de sol y albo de nieve

reluces como un pez entre la glera.

 

Los ratos que soñé junto a tu orilla

bajo el palio temblón de la chopera

al dormirse la luz sobre Castilla.

En la tierra burgalesa (Federico Salvador Puy)

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