Puente Bessón
Décima etapa del cuarto paseo

Apoyado en la barandilla del puente Bessón, contemplo el horizonte. El río persigue incesante el misterio de su génesis que, una vez más, se le escapa. El otoño nos entrega el regalo de sus hojas sin savia y cubre de ocre y oro el verdor de las márgenes del río Arlanzón. De pronto, me invade la añoranza de los rebaños de ovejas, los tañidos improvisados de sus badajos, sus válidos de incomprensión repleta. Miro la inercia obsesiva con la que el agua pasa y desaparece, evaporada, consumida, sustraída, diluida o simplemente estancada. Escucho el rumor, el diferente son que fabrica nuestro río según esquive, roce o pase por encima de ése o de aquél otro guijarro. Los paseantes ya no se paran, ya no contemplan como antes el perfil de la oca vozneante y su osadía continua. Las parejas de ánades buscan refugio en las casa de gestación perenne que le queda al desaparecido verano y a su calor de corazón en llamas.

(Jorge Villalmanzo)

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